La culpa del escriba es la que siente quien, por oficio o por obligación, escribe lo que otros no pueden o no quieren escribir. No es culpa por haber hecho algo malo, sino por haber sido el instrumento de algo terrible. El escriba no elige los nombres: los transcribe. Pero al transcribirlos, los hace existir. O los hace desaparecer. Y esa responsabilidad, aunque no sea suya, pesa como si lo fuera.
Culpa
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