Una mujer recuerda treinta años después cómo soltó la mano de su hermana en un río. El olvido colectivo fue su refugio. Hasta que el sueño la devolvió al agua.
Un archivero nocturno encuentra un legajo que no debería existir: ciento cuarenta páginas en blanco y una lista de nombres. El primero es el de su madre, muerta hace cinco años.
Mateo hereda la casa de sus abuelos. El jardín está cubierto de flores que no reconoce. Al arrancar una, encuentra un frasco con su nombre. Fechado el día que nació.